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LA RED PARA EL CAMBIO QUIERE SOCIALIZAR EL CAMBIO POLÍTICO EN EUSKADI

LA RED PARA EL CAMBIO QUIERE SOCIALIZAR EL CAMBIO POLÍTICO EN EUSKADI

En el marco de su actividad ordinaria, miembros que apoyaron públicamente la Red para el Cambio en el anterior período preelectoral y otros ciudadanos del mundo de la universidad y la cultura se reunieron ayer en un local de la capital guipuzcoana para analizar el momento actual y repensar su actividad a la vista de las actuales circunstancias marcadas por la nueva etapa de cambio político.


Todos los participantes coincidieron en la necesidad y el deseo de abrir nuevas ventanas de expresión y debate que recojan la opinión y la crítica constructiva de la ciudadanía, con objeto de reforzar y socializar la nueva cultura política que se está instalando en el país, centrada en los derechos de ciudadanía.

Los presentes en el acto coincidieron, igualmente, en mantener intactas las mismas ganas de cambio y de libertad que había antes de las elecciones. Ayer quedó claro que el cambio es un proceso largo y que sigue siendo necesario el fortalecimiento de la sociedad civil. Red para el Cambio - Berrikuntza Sarea seguirá activa en Euskadi con actos presenciales y renovando en breve su página web: www.redparaelcambio.org

 

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Oposición irresponsable

Sebastián Lavezzolo *

El control de los Gobiernos a través de las elecciones es un ejercicio esencial para el buen funcionamiento de las democracias representativas. El politólogo Bernard Manin lo define como el elemento que más permite a los ciudadanos influir en las decisiones de los gobernantes. El carácter repetido de los comicios incentiva a un Gobierno que aspira a la reelección a tener en cuenta a la opinión pública. No reelegir al partido en el poder es la forma de castigar malas políticas.

Ahora bien, dicho control retrospectivo necesita la concurrencia de otros factores. El correcto funcionamiento de las instituciones y el mantenimiento de los principios del Estado de derecho se revelan vitales. Así, la independencia del poder judicial, el respeto a las leyes, la libertad de expresión y la pluralidad son fundamentales en una democracia. De poco sirve tener elecciones si el poder judicial está secuestrado o si la prensa es censurada. La pluralidad política es asimismo crucial, y con ella el papel de la oposición. ¿Cuál es el papel de la oposición, sobre todo la que tiene posibilidades de acceder al poder? ¿Cómo debe actuar?

Es evidente que una de las tareas esenciales de la oposición es controlar al Gobierno. El discurso de la oposición, junto con los medios de comunicación, es una de las fuentes de información más importantes para los ciudadanos de cara a formar su opinión respecto a la actuación del Gobierno. Cuestionar sus políticas, presentar alternativas, intentar influir en el diseño de las leyes, hurgar en los rincones más oscuros y proclives a prácticas corruptas son tareas básicas del partido situado al otro lado de la bancada azul.

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La fiesta

Rafael Iturriaga *

La fiesta es un rito social con el que marcamos ciertos acontecimientos que se suponen felices e importantes, ahora bien, lo que haya de considerarse feliz o significativo varía enormemente en cada entorno cultural. Sin embargo, algo fisiológico debe haber en la necesidad de festejar para que todos los seres humanos y según van demostrando los etólogos, los primates superiores, dediquen una buena parte de su vida a la celebración colectiva de rituales festivos.

La fiesta, para serlo, requiere una participación plural, libre e igualitaria. Puede haber conmemoraciones disfrutadas en una íntima y placentera soledad. Basta un recuerdo que nos llegue al corazón, unas viejas fotos, un vinilo girando en el presuntamente obsoleto tocadiscos y tal vez, una botella de tinto reserva guardada para la ocasión. Será un momento feliz pero no será una fiesta.

Puede también participarse en una gran variedad de eventos sociales, culturales, políticos, religiosos, etc. donde los asistentes adoptan un rol preponderantemente pasivo (mirar, aplaudir, rezar...). Estos ceremoniales pueden resultar grandiosos, sumamente estéticos o llegar a galvanizar sentimientos profundos en los espectadores, pero tales celebraciones tampoco deberían considerarse fiestas en sentido estricto. Incluso la llamada 'fiesta' por antonomasia, la tauromaquia, hace mucho que no es sino una representación. Por horroroso que resulte, hay más de verdadera fiesta en algo tan bárbaro, pero colectivo, como el Toro de la Vega de Tordesillas que en el ordenado sacrificio de seis toros ejecutado por profesionales con arreglo a cánones rigurosos.

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